Será que me he criado con tres hermanos y el balón era un apéndice de ellos, será que tenemos reciente el partido de la polémica, y por ello me viene a la cabeza  un extraño paralelismo: La conveniencia de ejercer de anfitriones en un partido cómo es el del River- Boca y poner en marcha un programa de reconocimiento.

Y es que tanto un tema como otro, salvando las distancias que el mundo latino confiere al fútbol, no deja indiferente a nadie.

Está demostrado. En el primero de los casos, por la multitud de artículos, tertulias y conversaciones de café al respecto de las últimas semanas, especialmente entre los aficionados y habitantes de la ciudad de Madrid.  En el segundo de ellos, por la tipología de reacciones y comentarios que se producen cuando en un entorno laboral, se plantea la decisión: Reconocimiento si, Reconocimiento no.

Dicho así, moviéndonos entre el blanco y negro, está claro que presuponemos una aplastante victoria del SI ante la pregunta. Todos tenemos claro que el reconocimiento es algo positivo. Nos gusta y nos hace sentir bien.

Los matices, y las diversas reacciones y planteamientos se producen cuando hablamos de formalizarlo como parte de los programas destinados a los empleados de una compañía, contemplándolo e impulsándolo como parte de la cultura de la Organización.

 

¿Y esto para qué? Ha sido la primera reacción de más de uno de nosotros. ¿Para qué sirve? ¿Qué aporta?

Lo cierto es que hay unos cuantos motivos para implantar una cultura de reconocimiento. Ofrecer una Experiencia de Empleado en la que la identificación de la aportación de valor tiene cabida, en la que el colaborador siente que lo que hace resulta valioso y que así se le reconoce tiene una conexión directa con el nivel de compromiso con la Organización y por tanto con el rendimiento individual y el resultado, en general.

La duda en ocasiones viene después. Pero, ¿la gente participa? Lo hará en tanto en cuanto tenga oportunidades y motivaciones para ello.

Sistemas de reconocimiento y criterios hay muchos. Toda una generación guarda en su álbum familiar la foto de su padre en el momento de recibir el consabido reloj por sus 15,25 años de antigüedad; muestra del agradecimiento de la compañía por los “años de servicio”. Hoy, aún persistiendo este sistema en alguna que otra empresa en la modalidad de pin, lo cierto es que hemos evolucionado a un modelo de reconocimiento en el que todos los empleados tienen la opción de decir, de actuar: plataformas que permiten nominar por valores, actitudes, competencias, comportamientos  y donde el reconocimiento además de ser público, como el de antaño, perdura; en forma de emblemas, estrellas conseguidas y  lugar destacado en un ranking, convirtiéndose con ello en una herramienta además de motivación .

Y  es entonces cuando volvemos a conectar con esto del fútbol: Estrellas, ranking, liga…hasta ¿tongo? dicen los que hilan más fino.

Tongo, me cuentan los que se plantean que la gente se conchaba para que uno u otro se posicione en primer lugar.

Compañerismo, generosidad y buenas intenciones es lo que interpreto, sin embargo, cuando escucho aludir a algo así. ¿No es genial que la gente se organice para premiar a otro, para inyectarle una dosis de energía y reconocer su contribución, su esfuerzo, su impulso por hacer que las cosas sucedan? Y es que, sin llegar a ser lo del deporte rey, estar en esto de la liga del reconocimiento, mueve a las personas, y mucho.

 

De balones y estrellas: reconocimiento y éxitos.
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