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Como ya se está haciendo habitual en Grass Roots, hemos tenido un excelente desayuno repleto de networking junto al tiendólogo Marcos Álvarez (@chispadefuego) Han estado con nosotros representantes de diferentes marcas como: Quilosa, Grey, Chanel, Imperial Tobacco, Cepsa, Labstore, Endesa, PSA Peugeot, LVMH, Vodafone e Ilunion.

En esta primera edición del año, Marcos ha hecho una interesante analogía entre la gestión de las organizaciones y la manera en la que resolvemos los cubos de Rubik:

A continuación compartimos parte de su reflexión:

Cuando de niños nos enfrentábamos a la resolución del cubo de Rubik, la forma de resolverlo más habitual era empezar por completar una de las caras del cubo para luego hacer la segunda, la tercera y así sucesivamente, hasta tener las seis caras resueltas.

Parecía obvio; es la manera que nos han enseñado a resolver los problemas desde niños, una forma “lógica.” Pues, no funciona así con el cubo de Rubik y, por desgracia, tampoco con una organización. El “truco” de este puzle es que las piezas están interconectadas entre ellas. Por ello, cuando resolvemos la primera cara, al tratar de resolver la segunda vemos que estamos deshaciendo el trabajo que acabábamos de completar.

Lo mismo sucede en una organización que piensa dividida en departamentos. Yo hago mi cara del cubo sin importarme la cara de los demás y los demás hacen sus caras sin importarle el color de la mía: no funciona.

Por esta razón, muchas compañías se comportan así: “¿para qué vamos a deshacer el cubo si después no vamos a saber resolverlo? Dejémoslo así y admirémoslo cada vez que pasemos a su lado.”

Pero, ¿qué pasa si un día nos damos cuenta de que alguien ha estado jugando con nuestro cubo y ha desordenado sus piezas? Probablemente la primera actuación sea buscar culpables; la segunda, lamentarnos por la dificultad que representa resolverlo; y la tercera, que cada departamento se esfuerce de forma independiente (e ineficaz) por resolver su parte del puzle.

La forma más sencilla de resolver el cubo de Rubik requiere que cambiemos nuestro paradigma de pensamiento lógico por el del pensamiento sistémico y que modifiquemos nuestra forma de observar el cubo y lo veamos como tres capas en lugar de seis caras. Las tres capas serán: las personas que hacen posible una organización, los procesos que llevan a cabo esas personas y los resultados que se logran al ejecutar esos procesos debidamente. Una vez que seamos capaces de construir el cubo, nunca más temeremos que alguien como la crisis, la competencia o los mercados, lo vuelvan a desarmar. Incluso nos atreveremos a probar nuevos métodos de resolución para hacerlo cada vez más rápido, cosa que antes no hacíamos por miedo a no poder resolverlo.

Un negocio se sostiene en base a las personas que deben llevar a cabo la ejecución de la estrategia para conseguir los ansiados resultados. Esas personas necesitan algo más que un incentivo económico para levantarse cada mañana con la energía suficiente para enfrentarse a todas las tareas que deben desarrollar en la empresa. La ejecución de la estrategia dentro de un negocio recae de forma casi exclusiva en las personas; por ello, acometer acciones para mejorar los niveles de motivación y compromiso de los empleados es vital para la consecución de óptimos resultados.

Podemos resumir la obtención de resultados en la fórmula:

Resultados = estrategia x ejecución

La ejecución, en este caso la atención comercial, vendrá dada por esta otra fórmula:

Ejecución = “sabemos hacer” x “queremos hacer”

O lo que es lo mismo, el valor del servicio percibido por nuestros clientes dependerá del nivel de capacitación de los empleados y de la motivación de éstos para desplegar todas sus habilidades en la relación con el cliente.

En resumen: si nos preocupa enamorar a nuestros clientes tenemos que empezar a ocuparnos de enamorar a nuestros vendedores.

Si quieres hacerlo, pero no sabes ni por dónde comenzar, podemos ayudarte. Contáctanos pinchando en este enlace.