¿Open Space? Mejor open mind.

 

Después de haberse convertido en la panacea universal, en la solución definitiva a todos los problemas que planteaban las oficinas tradicionales, parece que ya ha llegado el momento de hablar mal del concepto open space en la empresa. Pero calma, antes de ponerte a levantar tabiques, para un momento y piensa, ¿qué es lo tu negocio necesita? ¿Refleja ese espacio tus valores? ¿Es coherente con tu negocio? ¿Favorece el engagement de tus empleados?

 

Lo cierto es que el concepto open space no es bueno ni malo, simplemente y como todo en esta vida la cosa va por modas. ¿Te acuerdas de cuando los huevos, el aceite de oliva y el pescado azul eran satán? Ahora resulta que no pueden faltar en nuestra dieta y que son lo más. Pues a los pobres open spaces les pasa un poco lo mismo. Ni antes eran tan buenos, ni ahora son tan malos. Así que antes de remodelar, otra vez, tu oficina, sigue leyendo.

 

¿Pero cómo no va ser bueno algo que usan en Google?

Parece que esa ha sido la lógica que se ha impuesto en las cabezas de todos los directivos de este país y del mundo. Si es bueno para los chicos de Silicon Valley es bueno para mí, y eso no es necesariamente cierto.

 

De nuevo, solo hace falta un poco de sentido común. Las empresas de Silicon Valley nacieron así, abiertas, con jefes de treinta y cuarenta años que nunca se habían sentado en un despacho y que estaban más cómodos dirigiendo su empresa sobre una gran pelota de goma y organizando reuniones alrededor de mesas de billar. ¿Cuántos jefes has conocido así en tu vida laboral? Exacto.

 

La edad media de los que se sientan en los consejos de administración de las empresas del Ibex es de 61 años, según la compañía de cazatalentos Heidrick and Struggles. No parece que tengan mucha pinta de moverse en patinete por la oficina, ni tan siquiera de quitarse la corbata. Pero no perdamos la esperanza.

 

Las dos caras del concepto open space

En los espacios abiertos, las ideas, las conversaciones y los proyectos fluyen. La música, las distracciones y los “vamos a tomarnos un cafecito” también.

 

En los espacios abiertos las jerarquías se diluyen y los jefes se vuelven accesibles. Eso implica que corbatas y zapatillas conviven y que dos culturas y dos generaciones trabajan juntos por primera vez, y hay empresas que simplemente no están preparadas, o no lo necesitan.

 

En los espacios abiertos se multiplican las posibilidades de generar equipos multidisciplinares, en las que se creen sinergias interesantes y todos puedan aportar a los proyectos. Por contra la sensación de pertenecer a un determinado departamento se diluye.

 

Los espacios abiertos son más baratos de construir, eso es cierto, pero luego empiezan los peros. Abierto, pero con mini salas para poder hablar por teléfono. Abierto pero el jefe al final se ha empeñado en tener un despacho, solo por si acaso. Abierto para fomentar la comunicación, pero al final todos acabamos con los cascos puestos para poder concentrarnos.

 

De nuevo, calma y coherencia, los espacios abiertos son buena idea para negocios que se adapten bien a ese sistema, con plantillas pequeñas y jóvenes, en las que los equipos multidisciplinares son necesarios.

 

Sin paredes, sin sitios asignados y sin horarios. ¿Es ese el futuro?

Adoptar el concepto open space y llevarlo hasta sus últimas consecuencias implica aceptar otra serie de compromisos. Se acabaron los espacios asignados, la idea es que cada día los empleados ocupen un espacio diferente, que se relacionen con personas distintas, que salgan de su zona de confort, el siguiente concepto que se pasará de moda, tiempo al tiempo. ¿Es bueno? Seguro. ¿Es práctico? Depende de lo bien organizado que esté el sistema, si cada mañana la primera media hora en la oficina se convierte en una experiencia similar a buscar aparcamiento en el centro, mejor olvídate.

 

Se empieza cuando se empieza, se acaba cuando el trabajo está hecho.  Se acabaron los horarios. ¿Lógico no? La verdad es que sí, pero no nos engañemos, venimos de una cultura en la que parecía que el último en irse es el que más trabajaba y claro, a todos nos cuesta marcharnos de la oficina media hora antes de la hora oficial, más en un espacio abierto en el que tu jefe te tiene a la vista en todo momento.

 

Así que antes de platearte una reforma, de tirar o construir tabiques, piensa. ¿Qué necesita tu empresa? Y recuerda, lo mejor para trabajar en las condiciones óptimas y generar sinergias interesantes es tener la cabeza abierta, no necesariamente los espacios. Así que, open space, depende, open mind, siempre.

¿Open space? Mejor open mind.
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