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Cleopatra y Marco Antonio, Romeo y Julieta, Frida y Diego… Cuántas son las parejas famosas, y no tanto, que han dado todo por amor marcando la vida de sus protagonistas y de la historia misma. Como dice la canción, ‘love is in the air’ y también en las lovemarks. Pero… ¿qué son las lovemarks?

En la actualidad nos encontramos ante un nuevo paradigma en el que el consumo no se limita al mero hecho de la compra sino que va más allá. En cada compra entran en juego las emociones, lo que siente el comprador antes, durante y después de adquirir el producto. Este cambio de tendencia ha propiciado la introducción en la jerga marketiniana del concepto lovemarks o, lo que es lo mismo, amor por la marca.

Las personas somos seres emocionales y son precisamente estas, las emociones, las que nos mueven e impulsan a comportarnos y a ser como somos. Si lo aplicamos al mercado podemos explicar este cambio que prioriza sentimientos y experiencias, relegando a un segundo plano el producto o servicio en sí, como hace el marketing experiencial. Cuando hablamos de lovemark nos referimos a una nueva forma de relacionarse con la marca. Sin embargo, esta relación no se limita solo al consumidor final sino que incide también en los empleados y personas que tienen su lugar en el proceso de venta.

Los consumidores ya no compran un producto cualquiera, compran una marca en la que ven reflejado un estilo de vida, una marca a la que se sienten vinculados y satisfechos al ser identificados con ella. Igual que esto pasa con los consumidores finales, también sucede con las personas que forman parte de la compañía; los empleados no simplemente venden un producto o servicio sino que forman parte de un equipo que les cuida, que les representa y al que se sienten orgullosos de pertenecer.

De este modo nace otro concepto muy ligado al de lovemarks, el de Brand Ambassadors. El éxito de una compañía reside en la gente que forma parte de ella. Los empleados son el corazón de la misma, sus principales portavoces y los mejores embajadores que pueden existir de marca. Son los que conocen cómo funciona la compañía por dentro, lo que representa y los que mejor conocen el producto o servicio que ofrecen. Por tanto podemos decir que una lovemarks no solo se crea con el amor de los clientes sino que tiene que estar cimentada sobre unas raíces fuertes. Estas raíces nacen en todos los que interactúan con la compañía, desde empleados y canales de distribución hasta el consumidor final.

Hoy en día no llevamos unas zapatillas, llevamos unas Nike; no trabajamos en cualquier cafetería, lo hacemos en Starbucks; no tenemos un móvil, somos de Apple. Tenemos marcas, generadoras de iconos, capaces de estimular los sentidos de los usuarios y creadoras de estilos de vida.

Cuidar a todas y cada una de las personas que conforman una marca ayudará a que se convierta en una lovemark, no solo por lo que proyecta hacia fuera sino por lo que despierta internamente en la gente que forma parte de ella. Si la esencia es fuerte el impacto de la misma será mayor. Generar orgullo de pertenencia, engagement y crear vínculos basados en las emociones son la base para lograr que tu marca sea amada, tanto por tus empleados como por tus consumidores.