La constante del receptor
Os propongo un juego. Un juego en el que vamos a volver a los años 80 para hacer una comparativa con nuestros días. Además, os propongo un protagonista para este viaje en el tiempo, Arturo, manager de división en una empresa de 350 empleados.
En los años 80 Arturo entraría a formar parte de su empresa contestando por correo a una oferta publicada en prensa y llevando su CV en persona. En la actualidad, a Arturo le contactarían y citarían directamente tras consultar su perfil en LinkedIn.
En los años 80, Arturo tendría la opción de desarrollar toda su trayectoria profesional en la misma empresa. A día de hoy, Arturo, como millenial bien preparado, considera que realizar un salto profesional, permaneciendo menos de 12 meses en una empresa, es algo “normal”.
En los años 80, Arturo sería convocado para participar en un programa presencial de formación de 16 horas llamado “Gestión de Personas” con la finalidad de ayudarle en su labor como manager. A día de hoy, por raro que parezca, Arturo sigue formándose de la misma manera.
Quizá exagere un poco, no es cierto que nada haya cambiado en ámbito del desarrollo del talento en los últimos 35 años. Pero tendréis que coincidir conmigo en que hay una constante que ha permanecido casi inalterada en los planes de formación desde los años 80. Las empresas, en mayor o menor medida, siguen considerando a los colaboradores “receptores” de un conocimiento que se aporta “desde fuera”.
¿Qué ha sucedido? ¿La transformación digital ha pasado de largo sobre el desarrollo de nuestros profesionales? ¿No hay nada en nuestra realidad digital que haya contribuido de forma clara a cambiar el modo en el que entendemos la formación (más allá de habilitar nuevos canales)?
Una nueva realidad con viejas inercias
La realidad, desde mi perspectiva en la trinchera de la formación, es que, si bien “lo digital” ha entrado en el mundo de formación, todavía no ha generado un cambio de paradigma capaz de variar el modo en el que las organizaciones planifican su propio desarrollo. Sin embargo, cada uno de nosotros si que hemos cambiado el modo de formarnos y adquirir nuevas habilidades.
Solamente echando un vistazo a los últimos 5 años de mi vida, he buscado información y aprendido de forma proactiva (con poco acierto en algunos casos) a realizar un buen puñado de cosas. Como ejemplo, ahí van dos, tocar el ukelele y aprender nociones de programación y pensamiento computacional. Y, ¿sabéis qué?, en ambos casos lo hice participando en un entorno digital colaborativo.
Hemos cambiado el modo de buscar y disfrutar de contenidos de entretenimiento (Netflix y Spotify son solo dos buenos ejemplos), y también el de acceder a la información, sin embargo, en gran medida, los alumnos siguen siendo considerados receptores (más o menos activos) de contenidos formativos.
Otro punto de vista
Pero os digo una cosa, yo no me resigno. Estoy seguro de que el cambio está en marcha. Creo que tiene sentido, más que nunca, habilitar canales para que los empleados construyan su propia formación. Confío en que, construyendo el espacio adecuado, los usuarios pondrán en valor su conocimiento simplemente porque puede ayudar a los demás.
No se trata de poner todo del revés, sino de apostar por modelos de aprendizaje en los que los conocimientos existentes en los planes de formación (también los recursos y las metodologías) se abran al potencial del aprendizaje colaborativo.
Ahora, por un momento, imagina que tu participación en un programa sobre nuevos modelos de liderazgo te da la oportunidad de:
    • Decidir, una vez que el curso ya está en marcha, cuál es el enfoque más adecuado desde el que trabajar la motivación e incluso, por qué no, proponer un nuevo módulo para al programa.
    • Dedicar únicamente 10 minutos para leer las aportaciones más valoradas por todos tus compañeros y ponerlas en práctica sobre un caso de estudio propuesto por ellos mismos.
    • Compartir ese vídeo que tanto te impactó unos meses atrás y que te ha llevado a entender mejor el modo en el que te comunicas con tu equipo.
¿Verdad que todo eso lo haría más apetecible? Es normal, todo lo anterior nos ha hecho entrar en el mundo del aprendizaje colaborativo. Un mundo en el que la tecnología es algo más que un medio. Y ¿sabes que es lo mejor? Que este mundo ya existe, que tienes a tu disposición plataformas como nuestro Work & Roll Formación con la que podemos ayudarte a:
  • Diseñar acciones de capacitación (en formato digital o blended) que partan de una propuesta inicial de contenidos, pero también faciliten un entorno abierto a la aportación activa de los alumnos.
  • Ofrecer foros en los que hacer emerger y compartir el conocimiento que poseen los profesionales de tu empresa.
  • Habilitar espacios de aprendizaje, dinamizados por un facilitador, en los que los alumnos puedan acceder a contenidos multimedia cuya relevancia sea establecida por los propios participantes.
Algunos pensarán que todavía no ha llegado el momento para este tipo de programas en su empresa, pero lo cierto es que el cambio ya está en marcha, solo te queda decidir cuándo te “apuntas”. La nueva formación necesita valientes. O al menos gente lo suficientemente valiente como para dar algo más espacio a la creatividad, la motivación y el protagonismo de las personas.
La formación necesita valientes
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