De la gestion del talento a su liberalización: creando oportunidades
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Te invito a hacer un pequeño experimento: Piensa las veces que has leído, oído, twitteado, linkeado, posteado últimamente algo relacionado con el hecho de que la transformación y la experiencia del cliente están actualmente en la mente y agenda de todo directivo que se precie de una compañía. Seguro que el número es considerable. Pero no te quedes solo ahí,  piensa ahora en las veces que lo has escuchado relacionado con la gestión del talento. El número seguiría creciendo. Centrándonos en la transformación de la organización, ¿cuántos, de esos señores/ señoras dirías que implican a las personas en ello?

Y no, no me refiero a su equipo más directo con los que están habituados a trabajar y debatir. Me refiero a las personas que están en la operativa del día a día, aquellas que están frente al cliente y que perciben y opinan que, en muchas ocasiones lo que se decide en las reuniones agendadas para tratar la estrategia y planes de acción de la compañía necesita una dosis de realidad.
Y es que un proceso de transformación digital y con ello cultural, en el que según los últimos informes publicados se encuentran inmersas un 60% de las organizaciones en los dos últimos años, es todo “un mundo de oportunidades” desde el punto de vista de la gestión del talento de las personas, que a veces desperdiciamos.

¿ En qué te ayuda una buena gestión del talento ?

La gestión del talento te da una oportunidad para dar voz, escuchar, co-crear y recoger aportaciones de valor. Una oportunidad para que nuestros colaboradores perciban que aportan, que se cuenta con ellos y se sientan reconocidos. Y la más intangible de todas, pero no por ello menos importante, una oportunidad para calibrar y descubrir el talento de nuestra organización. Dejemos, por tanto, de hablar de gestionar, desarrollar, potenciar talento y sigamos la máxima de “Primero, lo primero”: ¡Creemos la oportunidad, liberemos el talento!

En las entrevistas que realizo en proyectos de gestión del talento, en los talleres de design thinking en los que participo, incorporo al llegar inevitablemente en la sala, mi “mochila de los prejuicios” : aquella que todos llevamos y que algunos tenemos el propósito de que cada vez pese menos.

Experiencias como las que vivo en esas sesiones me ayudan a que sea más ligera y a pensar en las, afortunadamente cada vez menores ocasiones en las que me ocurre, lo equivocado de mis creencias limitantes. Esos pensamientos que presuponen que las ideas de alguien que está en la base de la organización no van a resultar significativas para la transformación del negocio.
Y es que las sorpresas son muchas: gente con grandes ideas, ganas de aportar, crecer y contribuir con su compromiso.

Liberalización del talento: una forma de hacer a nuestros equipos felices y de fortalecer el negocio. ¿Qué más se puede pedir?